Tikal, el reino del jaguar
Por Inmaculada Tapia - EFE
Tikal, the center of a pre-Columbian culture
Guatemala, junto con el sur de México y pequeñas zonas de Honduras y El Salvador, ha sido la cuna de los Mayas, una civilización no por más estudiada definitivamente conocida.
En 1848 expedicionarios ingleses descubrieron la ciudad de Tikal y el enorme interés arqueológico de la zona. El Parque Natural fue creado en 1955 y ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad al conjugar en sus 576 km. cuadrados de extensión una enorme riqueza natural y cultural.
De tan vasto terreno, tan sólo dieciséis km. cuadrados han sido mapeados. En ellos, se concentran más de 4.000 construcciones de diversa índole que se remontan aproximadamente al año 800 antes de Cristo, período de la historia Maya al que se le identifica como preclásico medio. Las últimas construcciones encontradas corresponden al período Clásico Tardío, lo que quiere decir que se alargan aproximadamente hasta 900 años después de Cristo.
La ciudad fue preservada durante siglos por la selva, que ocultó en su espesura la ciudad más poblada y rica de esta civilización.
Mil quinientos años de ocupación dieron a Tikal una riqueza cultural, comercial, agrícola y urbanística que ha motivado el interés y la admiración de los científicos.
Aunque sus primeros habitantes vivieron hacia el año 800 a.C. fue 600 años más tarde cuando Tikal alcanzó su mayor desarrollo y poder, llegando a tener 90.000 habitantes.
El origen de los Mayas tiene varias propuestas: una de ellas, la que con más fuerza se mantiene, se centra en considerarlos los mismos toltecas emigrados hacia el sur; la segunda argumenta que procedían todos de la región huaxteca, siendo los descendientes de un pueblo desconocido que desembarcara en Panuco y la tercera que los Mayas fuesen los autores de la civilización mexicana.
La transformación de una sociedad nómada a una sedentaria surgió de un proceso lento en el que fue fundamental el profundo desarrollo de la agricultura y en especial el dominio del cultivo del maíz. No en vano los Mayas han sido considerados los hombres del maíz, y aún hoy es el cultivo predominante en Guatemala, donde extensiones enormes de terreno, hasta donde la vista se pierde, se dedican al maíz.
En contraste con los Aztecas, los Mayas no hicieron guerras de conquista, pero sí mantuvieron luchas intestinas por el predominio del poder.
Hoy en día, cinco millones de habitantes de Guatemala creen descender de esta antigua civilización y todavía preservan muchas de sus tradiciones.
Reino del jaguar.
Los Mayas reverenciaban a los animales. Para ellos, el jaguar era el rey y señor, y no en vano el mítico Templo I, situado en la gran plaza central de la ciudad de Tikal, adopta el nombre del Templo del Jaguar. Denominado así porque en su crestería estaba representado la cabeza de un jaguar, que ahora resulta inútil buscar ya que las primeras investigaciones arqueológicas dirigidas por antropólogos suizos decidieron extraerla para exponerla en el museo arqueológico de Ginebra, en Suiza.
Como todos los animales que habitan en esta selva, el jaguar merodea al atardecer en busca de alimento. Este felino ha ocupado un lugar distinguido entre los animales sagrados entre todas las etnias de América, y para los Mayas de Guatemala no ha sido una excepción. Los sacerdotes se cubrían con la piel del jaguar en las danzas rituales, y así ascendían hasta lo alto de los templos como señal de cercanía a los dioses.
Cada animal tiene una significación determinada en la figuración Maya. Los venados son símbolo de despedida, y los monos representan la primavera y la fertilidad, tanto es así que en algunos dibujos una mujer aparece amamantando a un mono. El macho de la rana representa para los Mayas a la madre tierra; es él quien da la vida y los alimentos. El mono aullador, auténtico protagonista en los sonidos del atardecer de Tikal, es el patrón de los escritores mientras la serpiente emplumada era adorada y temida porque representaba el paso del tiempo y se enfurecía si se la molestaba mandando más serpientes para atacar.
Los Mayas mantenían una cultura tan rica en mitología que es comparable a la de los griegos, los romanos y los egipcios.
Universo arquitectónico.
Los templos Mayas tienen la forma de una pirámide ya que, según códigos ancestrales, creían que el universo estaba formado por una pirámide con un dios en la cumbre y un mundo cuadrado en la base de tal manera que el cielo y la tierra estaban juntos en los puntos cardinales, cada uno apoyado en el éter sobre los hombros de Kuck Vinajel-Balumil, los dioses del este, el norte, el oeste y el sur.
En Tikal la Gran Plaza forma el epicentro de toda la ciudad, y como tal es el conjunto arquitectónico más espectacular. Al Norte, se encuentra limitada por una fila de estelas y altares esculpidos que contienen gran parte de la secuencia dinástica de Tikal. La Acrópolis del Norte funcionó también como un mausoleo de las familias gobernantes. Al Sur, y en contra posición con los restos más ceremoniales, se localiza otro conjunto de estructuras denominado Acrópolis Central con funciones residenciales y/o administrativas. El Este, está ocupado por el Templo y justo enfrente el Templo II o de las máscaras.
El Templo IV o de la serpiente bicéfala mide 65 metros y es la estructura más alta de Tikal. El atardecer adquiere unos relieves mágicos en la espesura de las copas de los árboles de la selva aunque no hay que perder el tiempo buscando las serpientes porque también fueron trasladadas a un museo suizo.
Gran Pirámide, llamada Mundo Perdido, adquiere su importancia al tratarse del edificio más antiguo de Tikal y por rodearse de un complejo y amplio núcleo de conmemoraciones astronómicas.
Conocido como clásico, este período concluyó hacia el año 900 de nuestra era, cuando el sistema de gobierno de Tikal sufrió una crisis sociopolítica que condujo al colapso de la civilización maya, según coinciden todos los estudios antropológicos y arqueológicos.
Calendario solar.
El afán de los Mayas por controlar el tiempo y la meteorología, de la que tanto dependían para sus cultivos, fue una de sus obsesiones, y les llevó a analizar los fenómenos climatológicos y a establecer distintos tipos de calendario.
El Aab es el calendario solar por el que regían los Mayas sus actividades agrícolas. Está dividido en 18 meses, conocidos como winal, de 20 días cada uno, además de cinco días de wayeb -cinco días de reflexión- para hacer un total de 365 días.
El uso del Aab ha sido preservado a través de la tradición oral por los ixilies y los kanjobales, dos de las 20 etnias descendientes de los Mayas que conviven en Guatemala.
Otro de los calendarios más difundidos es el Cholqij, de 260 días y basado en el ciclo lunar, que es el relacionado con las festividades y ritos religiosos.
Pero los antiguos Mayas hacían uso de la también llamada "cuenta larga", que consistía en la combinación del Aab y el Cholwij que mide el tiempo que ha transcurrido desde hace 5,184 años, equivalentes a 1,866,222 días, fecha en que ocurrió un suceso histórico aún no esclarecido de gran relevancia en la vida de esta cultura.


