Nadie lo dice así. Ni él mismo. Pero el entusiasmo que genera el senador cubanoamericano Marco Rubio es porque podría convertirse en el primer presidente hispano de Estados Unidos. Para eso, por supuesto, tendrían que pasar muchas cosas: que Mitt Romney lo escoja como el candidato Republicano a la vicepresidencia, que Barack Obama pierda las elecciones en noviembre, que Romney se reelija en el 2016 y que Rubio ganara en el 2020.
“Yo no creo que haya ningún impedimento a que un hispano se convierta en presidente de esta gran nación”, me dijo en una entrevista en su oficina en el edificio del senado en Washington.
El problema es que muchas de las ideas del senador Rubio no las comparten la mayoría de los hispanos, según varias encuestas. De entrada, el senador se opone a la legalización de 11 millones de indocumentados, como propone el presidente Obama. Antes de eso Rubio quiere “seguir mejorando la seguridad de la frontera…y crear un sistema de verificación electrónica que funcione.”
Rubio es el primero de siete senadores hispanos en la historia que no apoya la llamada “reforma migratoria”, que le otorgaría la ciudadanía a indocumentados. “Lo que no va a ocurrir en este país es darle amnistía a 11 millones de personas”, reconoció. “Eso no es realista, no hay apoyo para eso.”
Rubio se opone también al Dream Act –una propuesta que legalizaría a estudiantes que llegaron de niños a Estados Unidos con sus padres. “Yo no apoyo el Dream Act como ha sido escrito.” Por ahora decidió no presentar su propia versión del Dream Act al senado.
El está a favor de convertir el inglés en el idioma oficial de la nación –“el país tiene que tener un idioma que nos una a todos”- y apoyó la ley antiimigrante de Arizona. “¿Por qué se puso del lado de los victimarios que están persiguiendo a hispanos?” le pregunté. “Arizona tiene un caso muy especial”, me explicó. “La violencia está cruzando la frontera (con México), afectando a ciudadanos norteamericanos. Hispanos, incluso, buscaron que su gobierno estatal reaccionara a esa realidad y la reacción fue esta ley.”
La principal contradicción política de Rubio es que él es hispano pero se opone a las ideas que tiene la mayoría de los hispanos. Estudios del Pew Hispanic Center indican que la mayoría de los hispanos apoyan una legalización de indocumentados y el Dream Act, y rechazan el inglés como idioma oficial y la ley antiinmigrante de Arizona. Rubio no.
Ahora es un Republicano de Miami el hispano que se encuentra más cerca de la Casa Blanca. Pero lo que le falta a Marco Rubio es que, en el camino, salga a defender a todos los latinos, con documentos o sin ellos. Un hijo de inmigrantes no debe darle la espalda a otros inmigrantes. Al contrario; tiene la oportunidad histórica de convertirse en su principal defensor.
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