LAS MONJAS Y EL SEXO

Monday, July 2nd 11:39 am , Updated Monday, July 2nd 11:39 am

No deja de sorprenderme la obsesión del papa y de sus hombres en el Vaticano por meterse en las casas, en las camas y, ahora, hasta en los libros de las mujeres.

El brazo más intolerante del Vaticano, la Congregación de la Doctrina de la Fe, condenó recientemente un libro escrito por la Hermana Margaret Farley en 2006, intitulado »Sólo Amor: Un Marco para la Ética Sexual Cristiana«, que desafía algunas de las enseñanzas de la iglesia, en particular por su aceptación del matrimonio entre homosexuales y el casamiento religioso después de un divorcio. Pero es su punto de vista sobre la masturbación femenina lo que resulta el aspecto más incendiario para los hombres que dirigen la iglesia.
La hermana Farley escribe: "Es el caso de muchas mujeres que se han beneficiado dándose placer a sí mismas y eso es algo que muchas no habían experimentado en sus relaciones sexuales con sus esposos o amantes.« Para el Vaticano eso es escandaloso y prohibido.
La reprimenda a Farley ocurre un par de meses después de que la Congregación criticó a la Leadership Conference of Women Religious, un grupo de más de 1,500 monjas estadounidenses, al afirmar que el grupo promueve »temas feministas radicales incompatibles con la fe católica."

Lo que pasa es que varias monjas católicas han salido a defender, públicamente, el derecho de los homosexuales a casarse y han cuestionado el tabú que les prohíbe convertirse, como los hombres, en sacerdotes. En otras palabras, su agenda »radical« consiste en buscar la igualdad y luchar contra la discriminación.

¿Por qué este ataque a las monjas? Porque ellas cuestionan la estructura misma de la iglesia católica, basada en la machista idea de que solo los hombres pueden tener el poder.

El Vaticano haría bien en incluir a más mujeres en sus altas esferas de poder y en escucharlas, en lugar de condenarlas. Tras miles de casos de abuso sexual a menores de edad en la iglesia católica en todo el mundo, está claro que el principal problema del Vaticano son sus hombres, no sus mujeres.



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