Los pilotos saben volar aviones. Los futbolistas meten goles. Y los cerrajeros abren puertas. Ese es su oficio.
Los periodistas también tienen un oficio: credibilidad. Si no se puede creer a un periodista, su trabajo no vale nada. No es poca cosa -- la credibilidad no es sólo nuestro oficio, es nuestro activo más valioso.
Bueno, todo esto me vino a la mente al observar cómo se extendía el escándalo en que está metido Rupert Murdoch, el presidente y socio mayoritario de News Corporation y de su periódico británico, The News of the World. Aunque tenía una circulación de 2.7 millones de ejemplares, el tabloide cerró sus puertas porque demasiados de sus reporteros habían dejado de lado la credibilidad y se habían dedicado a buscar el sensacionalismo. Una cultura en la que el verdadero periodismo y la ética fueron desplazados por interferencias telefónicas -- de "hackers" -- se apoderó del periódico. A juzgar por la popularidad de The News of the World, quizá eso sea un buen negocio, pero sin la menor duda no es periodismo.
Rupert Murdoch, su hijo James, y Rebekah Brooks, quien recientemente renunció a su puesto como directora ejecutiva de News International y había sido editora de The News of the World, testificaron el 19 de julio ante un comité de legisladores británicos que sabían muy poco, o nada, acerca de los detalles de las interferencias telefónicas o de otras violaciones de la conducta ética en el tabloide, que incluían acusaciones de que agentes policíacos eran sobornados para que proporcionaron información sobre ciertos artículos. Independientemente si esto es cierto o no, los gerentes del diario fueron culpables de negligencia y, más aún, de recurrir al sensacionalismo para vender periódicos.
Y así perdieron la confianza de millones. ¿Cómo confiar en un medio que durante años ocultó sistemáticamente la verdad y espiaba los teléfonos?
Esto del periodismo es algo muy frágil; es una simple cuestión de confianza. Y si la pierdes la confianza -- como un jarrón que se rompe en mil piezas -- nunca más la vuelves a recuperar.
- Por Jorge Ramos
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